
Arriba en las montañas pasando Tutupali esta el poblado de San Vicente; esa es una cancha de futbol sobre tierra, que con la lluvia es puro lodo; al lado opuesto esta la casa comunal, donde nos toco pasar la noche, en un catre de madera tan incomodo que la mayoria prefirio poner el colchon sobre el piso que estaba mas liso. A un costado se ve la capillita, donde el sacerdote oficia misa cuando viene, que me dijeron es muy de repente en fechas como semana santa.
La noche en esa casa comunal fue espeluznante; primero con la luz que atraia a los insectos, que ni con la puerta cerrada se los podia evitar, ya que se pasaban por entre los tablones de madera que forman las paredes y el piso; despues cuando apagaron la planta electrica nos dejaron en tinieblas, tratabamos de dormir arropados de pie a cabeza. Por la mañana mi hija Isis se habia descubierto la cara, y se encontro con una mariposa de luz (como de 6 cms extendida) en la nariz, que la agarro con la mano y la azoto contra el suelo. Ahora que me doy cuenta, ahi hubiera tomado algunas fotos increibles; pero con el calor y la incomodidad, ni se me ocurrio.
Por fin ya estamos en Guayaquil, recuperandonos de las tensiones del viaje, y de las formas tan diferentes de vida a las que hemos tenido que adaptarnos; es solo la primera semana, y esperamos continuar lo mas pronto posible.